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El padre de familia ha sido despedido de su trabajo (un puesto jerárquico dentro de una empresa) y aquí como en “El empleo del tiempo” (Laurent Cantet), esta situación resulta desconocida para la familia. Ocultando esta realidad pero sin llegar a desenlaces fatales, se vera el desarrollo del film. La clave aquí será el impacto que esto imprime a cada miembro de la familia. La violencia, si bien latente, no llega a consumarse pero transmite un ambiente de tensión que coloca al imprevisto en primer plano. No estaremos exentos de conocer la realidad puertas afuera del hogar, donde veremos un contexto social en el que conviven diferentes realidades que se traducen en un verdadero retrato social. El hijo menor descubre que su pasión es la música y su anhelo tocar piano pero el padre le ha negado esta posibilidad, el hijo mayor carece de posibilidades reales de trabajo por lo que decide alistarse en el ejercito norteamericano, y en el medio de todo, la esposa; como gen unificador que trata de sostener un equilibrio entra las partes. Una noche catártica por la que cada uno atravesara diferentes situaciones, si bien improbables o un poco absurdas, será quizás el enclave en el que confluye una nueva oportunidad, un recomenzar para todos y una nueva mirada de Kurosawa. Realismo social q se traduce en nuevas reflexiones sobre el Japón actual, Sonata de Tokio y un film imprescindible para entender las sociedades actuales, atravesadas por el capitalismo a la vez que pone en evidencia la reflexion sobre la identidad japonesa desde el núcleo familiar. Sonata de Tokio uno de los filmes más importantes del 2008, aquí en la 6º muestra de La Cumbre. Alexandra, de Alexander Sokurov, Rusia, 2007
Alexander Sokurov posee una distinción particular en toda su filmografía debido a su manera de narrar pero sobre todo a sus formas estéticas en donde prevalece la composición de la imagen en sintonía con el sonido, paisajes poéticos y nuevos usos para recrear así imágenes completamente genuinas. El resultado final será el trabajo hecho a través de de lentes especiales, vidrios pintados, filtros de color, etc. Demostrando así el trabajo de un realizador en constante búsqueda estética, las formas aquí dirán el “que”. Claramente inspirado por las artes, sobre todo por la pintura, este realizador debe sus formas a la misma ya que la pantalla se transforma en un cuadro en donde los colores y los encuadres se acomodan para tal fin. La contemplación de la misma como una pintura hace que cada film de Sokurov se transforme en toda una experiencia. Y Alexandra no es una excepción. El film posiciona su mirada frente a la guerra, ya que mas allá de su ubicación en la guerra de Chechenia, nunca se harán referencias explicitas a tal conflicto en particular; sino que desde su sutileza puntuará en cuestiones humanitarias que circundan a los conflictos bélicos. Alexandra es una abuela que visitara a su nieto militar en medio del conflicto. Hace 7 años que no se ven y la situación en la que se encuentran será una excusa para develar un pasado y un presente solitario. Alexandra deambulará por los frentes militares en donde tendrá encuentros azarosos con jóvenes soldados, mujeres en el mercado, etc. Cada uno de estos encuentros materializarán sus pensamientos y mediante los momentos con su nieto veremos la delicada relación a la vez que estrecha entre los dos. Similar a la que puede desprenderse de las oníricas Madre e hijo (1997) o Padre e hijo (2003). Rodada en colores sepias y con un trabajo puntilloso en la banda sonora, Alexandra podrá ser interpretada de varias maneras ya que el espectador será absolutamente libre a la hora de mirar. Emotivo y profundo, el último film de Sokurov, en la 6º muestra de cine independiente de La Cumbre-.
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